El comienzo de los ceremonias religiosas de la mañana del Jueves Santo de 1983 fue interrumpido por un terremoto que en 18 segundos casi arrasó con la ciudad de Popayán, la capital del departamento del Cauca, en el suroccidente colombiano.
Este movimiento telúrico —que tuvo una magnitud de 5,6, una intensidad de 9 en la Escala Macrosísmica Europea (EMS-98) y una profundidad de 15 kilómetros— causó casi una destrucción total de esa histórica capital colombiana fundada en 1537, donde se celebrarían los oficios católicos de esa jornada de la Semana Santa.
En total, el Servicio Geológico Colombiano estima que murieron unas 200 personas, mientras que 250 resultaron heridas tanto en Popayán como en sus corregimientos. Asimismo, en el departamento del Cauca los heridos sumaron 1.500.

Las cifras de la catástrofe
La tragedia dejó cifras demoledoras. Hubo 23.000 familias damnificadas en Popayán; 5.000 construcciones destruidas y 14.000 con daños severos. Se estima que 90 % del centro histórico de la capital caucana fue aniquilado.
Paradójicamente, las estructuras más afectadas esa Semana Santa de hace 43 años fueron los templos católicos. Solamente en la Catedral Basílica de Nuestra Señora de la Asunción murieron 50 personas que se encontraban en su interior para asistir a la misa, según una nota del Servicio Geológico Colombiano.

Y es que Popayán, conocida como la 'Ciudad Blanca' de Colombia, es considerada como un "tesoro patrimonial" donde abundan iglesias coloniales que son visitadas por miles de turistas en Semana Santa.
Imágenes del horror
Entre las imágenes tétricas de ese desastre natural, en la memoria colectiva está la expulsión de más de 600 ataúdes de sus bóvedas, lo que dejó expuestos cadáveres y restos humanos. La putrefacción se unió a la falta de agua y causó severos problemas de salud pública.
El daño no fue uniforme. Las zonas más afectadas fueron las ubicadas en depósitos aluviales y las que contaban con edificaciones vulnerables, antiguas, con defectos en su construcción o con materiales de baja calidad.
Este siniestro hizo que se aprobara el decreto ley 1400 de 1984, donde se adoptó el primer Código Colombiano de Construcciones Sismo Resistentes, que sentó las bases para la ingeniería sísmica en el país suramericano.







