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¿Por qué es tan difícil dejar la navegación infinita en Internet?

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Investigadores aseguran que este uso problemático de la Red se explica por la acción conjunta de tres factores.
¿Por qué es tan difícil dejar la navegación infinita en Internet?

¿Alguna vez ha sentido que pierde el control al usar Internet? Para algunos, esa tentación de seguir desplazándose por las redes sociales no es solo una costumbre, sino una verdadera carga que afecta a su salud mental y a sus relaciones. En este sentido, un equipo de investigadores ha identificado tres mecanismos que explican por qué resulta tan difícil desconectarse, informó este lunes el portal Phys.org.

El estudio, publicado en la revista Comprehensive Psychiatry, se realizó en 819 personas de unos 27 años de edad (aproximadamente el 45 % mujeres). Durante cinco horas en un laboratorio, las sometieron a entrevistas clínicas, cuestionarios y pruebas computarizadas. Los participantes debían responder a estímulos específicos e inhibir otros deliberadamente, lo que permitió medir objetivamente su control de impulsos y cómo las señales relacionadas con Internet afectan su comportamiento.

Los científicos se centraron en lo que se conoce como uso problemático de Internet, que no se refiere a "Internet como tal", sino al juego excesivo, al uso intensivo de las redes sociales, a las compras en línea o al consumo de pornografía. Según la publicación, el modelo I-PACE —desarrollado por el autor principal del estudio Matthias Brand, de la Universidad de Duisburg-Essen, en Alemania— es un marco teórico diseñado para explicar cómo se desarrollan y mantienen las adicciones conductuales a Internet.

El resultado de la investigación confirmó que este uso problemático se explica por la acción conjunta de tres factores. El primero es la búsqueda de alivio o placer: la persona se conecta para sentirse mejor o huir del malestar, encontrando en la pantalla una recompensa inmediata o una distracción. El segundo es la compulsión: con el tiempo, esa necesidad se convierte en una obligación interna, en un "tengo que hacerlo". El tercero es la pérdida de control: aunque se quiera parar, la capacidad para frenar se debilita.

Se indica que estos procesos interactúan entre sí e incluso permiten predecir cómo se desarrollan los síntomas a lo largo de seis meses. "Fuimos capaces, por primera vez, de demostrar empíricamente que estas tres vías actúan conjuntamente", afirmó Brand. El factor crucial, explica, es la interacción entre emociones, hábitos y autocontrol. 

La investigación asegura que los hallazgos tienen aplicaciones prácticas: la prevención y el tratamiento podrían orientarse con mayor precisión si se sabe qué mecanismos dominan en cada caso individual.

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